
© Marcela Sánchez Mara
AZAR DEL ESPEJO
Escribo al límite
en el filo de la llama y su grafía
silencio que gravita
en la estela del relámpago
El que funda el azar
lanza los dados
La incertidumbre crece
en la quietud del lago
donde se mecen las estrellas
antigua sed de luz
que emerge de la entraña
Escribo al límite
en el vórtice
El viento arranca
la sombra del destello
y la poesía viaja
como vestigio
Cruzo la noche
y su intemperie
Bendición o condena
azar del espejo
la palabra
Del libro Ausencia © Hernando Guerra
ME REFUGIO EN EL INSTANTE
I
Tiniebla me persigue.
Desciende del blanco, amenaza mi fuego.
Me buscan las Furias, las Tentaciones.
Lascivias desean mi carne,
apetecen el nombre, usan el perfil.
Hades habita mi noche.
Perséfone acude a mi lecho, prodiga su encanto.
Una avalancha de malignas socaba las bases de mi Casa.
Conspiran en la calle divinidades oscuras,
pretenden mi luz, les inquieta el aura.
Tiniebla me persigue.
Me refugio en el instante.
II
En el Instante cabe el universo.
En su Recinto la eternidad es palabra cierta.
No hay lugar ni distancia en el Instante, porque no hay tiempo.
El Instante, la fortaleza donde Todo es.
Ningún miedo prevalece, no hay ayer ni mañana,
sólo el Ahora que fluye en el centro
de toda comprensión de escucha.
Quien vive en el Instante es invisible a los ojos del malevaje,
no hay mirada capaz de soportar su Presencia.
El Instante es Poema,
en esta condición sagrada radica su sintaxis
y la semántica que arrasa toda lógica
y pretensión de ruido.
Escuchar al viento, la cigarra o la piedra,
es navegar el territorio infinito del Instante.
Ningún poder del hombre alcanza la soberanía del Instante.
Sus siete torres salvaguardan el Tesoro.
El Instante es el poema de los dioses.
En sus nubes de silencio, me protejo de latencias y latidos.
Solo el Poema, es decir el instante, me salva de mí mismo.
Del libro Refugio © Hernando Guerra