
Lidia Vinciguerra. Poeta. Pintora. Fundadora/Editora de Editorial Vinciguerra, Vicepresidenta de la Fundación Argentina para la Poesía; autora de numerosas obras poéticas, amante del arte y la difusión poética vía podcasts, conversa con Revista Ómnibus sobre su universo artístico, desde su tierra, Buenos Aires, Argentina.
Por Ana Lema Colangelo (*)
Escritora italo-argentina
Revista Ómnibus: -En tu obra se detecta una exploración de las emociones y una introspección en la condición humana.
¿Qué nos podés contar respecto de esa exploración, es intencional, espontánea o quizá surge como una necesidad de decir?
Lidia Vinciguerra-: Soy partidaria de que la palabra se pronuncie cuando la emoción estimule naturalmente el inicio de una consideración personal.
La hoja en blanco es como la vida, nada detiene el misterio del devenir.
Escribir, pertenece, en el pulso poético, a un acontecimiento de inmediatez, pleno de emociones sensoriales.
R.O:- Dolor, memoria, melancolía, aunque esperanza, son también aspectos recurrentes en tus poemas y si bien la nostalgia asume un rol fundamental se observa una pulsión de vida ineludible.
¿Como explicás, de ser posible, esta mixtura y qué considerás la motiva?
L.V:-: La motivación proviene de una constante pulsión del “Eros”. La vida del poeta no se fragmenta porque escribe, por el contrario, considero que forma parte de los rugidos de una sociedad en decadencia y, asimismo, de los refugiados en algo que aparenta ser exótico por estos tiempos: el arte como fiel reflejo de la sociedad. Lo interesante es que surgen expresiones en todas sus disciplinas que motivan también a plácidas acciones que logran arremansar a quien se refugie en su madriguera y los opuestos logran complementarse.
R.O-: "Ya es hora de desarmar la casa" es un poema que invita a una reflexión sobre no aferrarse a lo que ya no es y poder ver hacia adelante, quizás a través de esas pequeñas cosas diarias, que nos devuelven la fe, la libertad...
¿Te consideras una persona positiva ante las adversidades y eso se traslada a tu escritura o frente al papel en blanco hallás mayor libertad para explorar emociones distintas?
L.V:-: No solo en la escritura puedo hallar mi libertad de expresión, asimismo en mi pintura surgen registros de observación de la simpleza en la que convivimos como un espacio lineal, enmudecido, que nada contradice nuestro andar, pero, sin embargo, algo nos recuerda, nos susurra, nos hace tomar registro de que nuestro cuerpo tiene memoria y de ahí proviene la gratitud por esa fe inconmensurable de estar aún en ese espejo de vida bien vivida que acompasa transformaciones vitales para dar paso a la resiliencia.
R.O:- ¿Contás con algún poema que prefieras y de ser así, cuál sería y por qué lo elegirías?
L.V.: -No precisamente podría decir que encuentre algún poema de mi preferencia, son contadas las veces que releo mis libros. Sí puedo conciliar en la actualidad, con aquellos poemas que tienen invocaciones a los espacios en los que hago un recorrido poético por ese gran útero que es la casa que, sin dudarlo, tiene connotación con la patria y con mi lugar en el mundo concreto y en el de mis creaciones artísticas.
R.O:- Entre tus libros de poesía más destacados se cuentan: "El color de la memoria" (1986), "Privilegio del silencio" (2011), "A lágrima seca" (2017), "Oficio de mujer" (1991), e "Impostergable defensa" (1998). Cada uno con sus particularidades aunque unidos por ese hilo conductor que resume la condición humana y sus ribetes el dolor, el amor y en especial la resiliencia. ¿Te reconoces en lo antes dicho y qué rol juega este elemento tan valioso para la vida y la escritura que es la resiliencia?
L.V:- La resiliencia es un leit motiv en mi escritura. Pienso que en mis publicaciones en otros géneros: narrativa / epistolar / prosa poética/ teatro/ se puede visibilizar con mayor precisión todo aquello que, en la voz de los personajes, se va acentuando mi paso por lo que considero sagrado: el arte como autoconocimiento. Me interesa en esta diversidad de géneros, la necesidad y el rigor de investigaciones sicológicas de los personajes, por ejemplo, en “Teresa Sued, en nombre del silencio”, una novela que se refiere a la violación de una niña y sus consecuencias: el disvalor, la baja autoestima, navegar sobre el sentimiento de culpa y trabajar la siquis con un profesional para sanar a esa mujer rota y no arrastrar el trauma para el resto de su vida.
En “Cartas de amor en domingo”, el divorcio/ el tedio/ el nuevo amor y sus circunstancias.
En “Ofelia, la curva del olvido”, la resiliencia cobra mayor relevancia en sólo dos personajes ensimismados por la sombra de la muerte y las contingencias familiares y pacatas de una sociedad donde imperaba el patriarcado y la hipocresía de la época.
Por último, me propuse distinguir en un breve libro-homenaje “Una muerte dulce” (prosa poética) íntimamente ligado a una amiga cuya muerte fue producto de una Argentina en estado de indefensión y es un lenguaje literario en primera persona -a modo de diario- que, precisamente destaca la decadencia social de la que hablé al comienzo de la entrevista.
R.O: -En medio de este mundo tecnologizado, y como editora experta con más de treinta años a la cabeza de la Editorial Vinciguerra; existe algo que desees transmitir a las nuevas generaciones de escritores y escritoras?
L.V.: -Sólo puedo aportar que las virtudes del lenguaje, precisamente, son amplias. Que en ese abanico la elección es personalísima, la lectura, mediante la elección de géneros es individual y subjetiva pero todo lo que esas obras de autores contemporáneos vibren, enamoren en cuanto a temáticas e identificaciones emocionales, irán cobrando cuerpo en sus escritos siendo dueños de una voz e identidad propias.
En cuanto a las nuevas tecnologías, la IA, por ejemplo, suelo aguardar qué nos deparará. Por ahora, la ficción o las obras plásticas producidas por la IA, me resultan sin alma, algo así como desangeladas. Sin embargo, no la niego- resume Vinciguerra quien nos comparte dos de sus recientes poemas inéditos:
Nocturno I
Las oraciones pronunciadas en el silencio de la noche
confirman la llegada de un amanecer
libre de ferocidades.
Recuerdo que al apoyar mi madre su plegaria
en mi frente de niña
podía ver el giro leve de un pájaro;
verlo planear sin prisa, sin amenaza de jaulas
y hasta hubiese podido tocar
el canto de madre que se elevaba
en una abstracción misteriosa de palabras
y retenerlo en un sueño profundo.
Mi silencio es simple y vedado para ser diurno.
Ocurre lento entre humedales y retratos
cuando es noche, cuando sin decir nada
en la frente y ya con muchos años
puedo sentir la mano de mi madre
al contemplar el retrato de Prévert.
y confirmar, nuevamente,
la llegada de otro amanecer
libre de ferocidades.
Nocturno II
A cierta hora cuando esplende la luna
es preciso aceptar un paso erróneo
meditar sobre algunas culpas propias,
con las ajenas y reconocidas
aprender el ejercicio del perdón .
Así de simple la noche gravita
sobre los cuerpos
y el adulto terror de la pandemia
se vuelve niño agazapado en el pezón
de una madre que reza a un Dios incierto.
A la hora del reposo de las lunas
se fortalece en la aparente
fragilidad de la fe, cercana y fértil
sin embargo, la Madre Tierra
es quien renace sagrada
y es cuando la mirada amanece
se alza agradecida y canta
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.
© Lidia Vinciguerra (poemas inéditos)

(*) Ana Lema Colangelo©:
Poeta. Escritora. Periodista académica. Italo-argentina.